En el último debate del estado de la ciudad antes de las elecciones, el equipo de gobierno situó el eje del mismo en la confrontación política nacional, dejando en un segundo plano la emergencia de la vivienda, el transporte o la limpieza que denuncian las asociaciones.
Si uno se queda con el resumen oficial sobre el Debate del estado de la ciudad celebrado este lunes, la estampa de Valladolid es la de un bastión institucional. Titulares que hablan de rebajas en el IBI, reproches cruzados con la oposición y un alcalde erigido en “la resistencia frente a Sánchez”. Sin embargo, si uno bajaba el volumen del ruido político y escuchaba a los colectivos sociales y vecinales al inicio del pleno, el diagnóstico es radicalmente distinto y mucho menos amable: Valladolid no avanza, se frena y retrocede.
Este debate extraordinario, el último antes de la cita con las urnas en mayo de 2027, escenificó el profundo abismo que existe entre la agenda de la Plaza Mayor y las aceras de los barrios. Frente a un gobierno de PP y Vox que consumió su tiempo justificando la inacción por la “herencia recibida” y los agravios del Ministerio de Transportes, la calle exigió soluciones de gestión a problemas que afectan al bolsillo y al día a día del vecino.
El choque más evidente se dio en el modelo urbano y la salud pública. Mientras el equipo de gobierno sacaba pecho por la compra de nuevos autobuses y un “plan de choque” con 41 vehículos de limpieza para tapar las quejas diarias por la suciedad, Carmen Duce, en representación de Ecologistas en Acción, puso una cifra demoledora sobre la mesa: la contaminación atmosférica ocasiona en Valladolid cerca de 300 muertes prematuras al año.
Esa es la realidad de una ciudad que parece estar apostando por un modelo que prioriza el vehículo privado frente a las infraestructuras ciclistas y eterniza la implantación de medidas reales. Es una dinámica que ya tratamos en “La ZBE y el verdadero problema de moverse por Valladolid”, donde se explicaba que detrás de la batalla judicial por las emisiones hay un modelo de ciudad profundamente desigual. De poco sirve presentar flotas de autobuses nuevos si las líneas periféricas siguen atascadas y el espacio público sigue secuestrado por el asfalto.
La segunda gran brecha del pleno fue la vivienda. Con los precios de alquiler asfixiando a gran parte de la población, Margarita García, portavoz de la Federación Vecinal Antonio Machado, no se anduvo con rodeos. Denunció la inoperancia de la empresa municipal VIVA, el desmantelamiento de programas sociales como ALVA y calificó el reciente Plan Municipal de Vivienda como un simple “trampantojo”. La emergencia habitacional es el gran elefante en la habitación del que el Ayuntamiento prefiere no hablar. Una crisis que ya radiografiamos en “Valladolid: cuando trabajar ya no garantiza poder vivir en tu barrio”, evidenciando cómo la falta de alternativas está expulsando a las familias hacia los municipios del alfoz.
Y por debajo de todo esto, el pleno constató una crisis de participación ciudadana que debilita el pulso entre el Ayuntamiento y sus barrios. Las asociaciones vecinales advirtieron que la participación ciudadana ha quedado reducida a un papel puramente decorativo. La mejor prueba es el nuevo sistema de sorteo para los Presupuestos Participativos, que ha dejado asambleas fantasma con apenas cuatro o cinco asistentes por zona. Cuando las decisiones sobre en qué se gasta el dinero de un barrio se toman a puerta cerrada y sin escuchar a quienes lo habitan, la participación es solo un eslogan.
Durante el debate, la oposición recogió el guante de este malestar vecinal e intentó aterrizar el pleno en la suciedad de las calles, las listas de espera en los servicios sociales y la parálisis urbanística. Pero chocaron contra un muro. Ni PP ni Vox ofrecieron respuestas concretas a los vecinos. Prefirieron mantener el foco en las políticas nacionales y el agravio permanente frente al Gobierno central.
A un año de las elecciones, el debate dejó una conclusión amarga que difícilmente ocupará portadas: en Valladolid el foco institucional parece haberse desplazado hacia la política nacional, alejándose de las demandas locales que esperan en la puerta del Ayuntamiento.
