Las Catalinas: ¿un monasterio para el barrio o una vitrina para el turista?

El Plan Director de las Catalinas prometía piscina, archivo y centro cívico. Hoy, mientras los vecinos se conforman con locales temporales en el Mercado del Campillo, el dinero público solo parece fluir hacia el Museo del Vino.

Es un camino largo el que hay que recorrer en la historia de un monasterio para llegar a degradarse en tal medida. ¡Si la madre superiora levantara la cabeza!, que dirían algunos.

El Monasterio de Santa Catalina de Siena es Bien de Interés Cultural desde 1979 y, desde hace unos años, es propiedad del Ayuntamiento de Valladolid. Es decir, es propiedad de cada una de las vecinas y vecinos de esta ciudad. Lo compramos con un objetivo claro: recuperar un tesoro del siglo XVII para dotar al centro de las infraestructuras de las que carece.

Si uno bucea en el Plan Director (incluido en la Agenda Urbana 2030 como la actuación 2.8) , las promesas eran de las que ilusionan a un barrio. Se hablaba de una rehabilitación integral con una inversión estimada de 25 millones de euros para crear un espacio cívico-deportivo, un centro dotacional para nuestros mayores, una piscina cubierta y la ampliación del Archivo Municipal. Un centro integrado, diseñado para ser el pulmón social del centro.

Sin embargo, en el despacho oficial han decidido que en la ciudad solo se piensa en el turismo del vino.

Hoy, la única realidad tangible es la reforma de 17 salas para un Museo del Vino y una Enoteca. Se trabaja en una “bodega experimental” para vender Valladolid al exterior, pero no hay ni un solo movimiento, ni una partida presupuestaria, ni una licitación que nos indique que la piscina o el centro de mayores vayan a salir del papel de las infografías.

Lo que más duele es el contraste con el día a día. Actualmente, el centro cívico que da servicio a la zona sobrevive en la planta alta del Mercado del Campillo. Es un parche precario e insuficiente . Los vecinos llevamos años demandando un lugar digno para participar y envejecer con calidad en nuestro barrio, y las Catalinas era la oportunidad de oro para dejar de ser “vecinos de segunda” en instalaciones improvisadas.

Cuando preguntamos de forma informal, la respuesta es un mantra: “se está actuando en el Monasterio”. Y es verdad, se está actuando, pero solo en la parte que genera titulares y busca al visitante. Nos estamos quedando con una “tasca” de lujo mientras las necesidades básicas, esas que no salen en las guías de viajes, quedan aparcadas sine díe.

¿Podemos hacer algo? Sí. Desde los movimientos vecinales no pedimos imposibles, pedimos que se cumpla lo proyectado. Que el patrimonio público no sea solo un escaparate, sino un servicio.

No nos conformamos con el brindis de una Enoteca mientras el centro cívico sigue esperando su turno en un rincón del mercado.

El centro de Valladolid necesita menos vitrinas y más espacios para vivir.

Si quieres apoyar a los vecinos, accede a esta campaña que hemos creado desde la Federación Vecinal Antonio Machado para reclamar al ayuntamiento que se ejecute el plan original que incluía dotaciones para el barrio.