La "ciencia" del soterramiento

Ayer, lunes 29 de septiembre, se celebró en el Ayuntamiento un pleno que, lejos de sorprender a nadie, sacó los colores del actual gobierno municipal con su plan de ni hacer nada ni dejar hacer nada. Así pues, el despliegue de argumentos vacíos nos ha dado a los vallisoletanos nuevas perlas para el archivo.

La primera vino de boca de nuestro alcalde, Jesús Julio Carnero, admitiendo sin ningún pudor que el soterramiento, a día de hoy, es inviable. Este golpe de sinceridad vino acompañado de la negación de los problemas directos e inmediatos de su actual estrategia para soterrar, utilizando falazmente las elecciones de 2023. Con el argumento de que es “cuestión de justicia social” y el deseo mayoritario de los ciudadanos expresado por dichas elecciones se acalló el resultado que obtuvo el PSOE (ganador en los barrios afectados por el “muro”) y los datos arrojados por el sondeo del Norte de Castilla, dónde se demuestra que la inmensa mayoría de la ciudad quiere continuar la integración ferroviaria.

El tema de la deuda (más de 100 millones que debería pagar Valladolid, por el 25 % de participación que tiene el Ayuntamiento en la SVAV, y equivalente a 2 años de inversiones sociales municipales) fue cerrado esgrimiendo los ya desmentidos argumentos de que la venta de los suelos liberados tras el soterramiento podrían sufragarla.

También se expuso que los pasos de Ariza (tan demandados por las personas de la zona que llevan más de una década ansiando la desaparición de la pasarela que cruza desde las Norias) no supondrían un impedimento para el hipotético soterramiento. Aún así, el señor Carnero se enrocó en la idea de que dichas obras darían “problemas de movilidad y tráfico”, sin aportar datos o informes que abalen su tesis.

Con todo, la guinda del pleno salió, una vez más, de boca de nuestro alcalde. En un alarde de confianza, Jesús Julio Carnero expuso sin pudor alguno como el soterramiento tenía que ver con la ciencia. Al parecer, los muchos informes técnicos en su contra efectuados por los ingenieros de Adif, los cuales pueden remontarse a 2003 (cuando en el entonces Ministerio de Fomento estaba al frente Francisco Álvarez Cascos, del Partido Popular), no son ciencia.

Hace meses ya se dijo en otro pleno que “los mejores presupuestos participativos son el soterramiento” y ahora se dice que se debe soterrar porque lo dice la ciencia. La SVAV aún no se ha desintegrado y la Capital del Pisuerga ya está sufriendo las consecuencias de apostar todo al soterramiento. Dado que la Nada es el resultado inevitable de la postura del Ayuntamiento, solo cabe preguntarse ¿quién está ganando con este sinsentido que tan solo ha conseguido desesperanzar y alterar a los ciudadanos de Valladolid?

Desde la Plataforma por la Integración hemos realizado un video explicativo sobre el tema, a fin de que todo el mundo pueda conocer los argumentos esgrimidos y los hechos confirmados relativos al soterramiento:

Así pues, quedamos a la espera de ver si el señor Carnero tendrá el coraje de asistir a la reunión del 6 de octubre dónde exponer, cara a cara con el ministro de transportes y el resto de miembros de la SVAV, tan arrolladores argumentos. Además, instamos de nuevo a la movilización de los vecinos y las vecinas de Valladolid en un asunto cuyo resultado podría hipotecar el futuro de la ciudad durante años, décadas o más, y continuamos ofreciendo la página habilitada desde agosto para emitir quejas al Ayuntamiento:

La eliminación del convenio de 2017 para la integración ferroviaria supondrá deshacernos de obras esperadas y necesitadas por todos los vallisoletanos como la nueva estación de autobuses (comprometida por la Junta de Castilla y León), la urbanización de la zona de los talleres de Renfe (que conectaría el barrio de las Delicias con la nueva estación pasante y ayudaría a mitigar el problema de la vivienda en nuestra ciudad), la demolición del viaducto del Arco de Ladrillo, la reparación del de Daniel del Olmo, y la construcción de los ya proyectados pasos de Unión-Pelícano o Ariza, entre otras muchas obras que mejorarían nuestra calidad de vida.

O integración, o el desastre. No hay más alternativa.

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